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Alejandro Mendoza

Investigador que estudió la región del Sur del Tolima

Estudiante de Derecho y Ciencia Política con opción en Sociología. Experiencia previa de investigación en el Semillero de Jurisprudencia Constitucional de Justicia Transicional de la Facultad de Derecho, en el Semillero de Partidos Políticos y elecciones de Ciencia Política y como asistente de investigación en la Facultad de Derecho. Entre sus temas de interés se encuentra el derecho constitucional y la justicia transicional, la paz territorial, la propiedad rural y los derechos humanos. Líder estudiantil desde 2016 como promotor de movilizaciones de alto impacto por parte la sociedad civil en apoyo al proceso de paz y en actividades de pedagogía de los Acuerdos. Fue Director de Comité de Paz del Consejo Estudiantil en 2017, año en que desarrolló la iniciativa “Oigamonos” encaminada a la promoción de procesos de diálogo y reconciliación en el departamento de  Cesar y en Catatumbo.

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Esta etapa de la investigación me ha permitido obtener una comprensión más amplia de las diferentes particularidades de cada región, de la manera en que se vieron (y se ven) afectadas por el conflicto, del caleidoscopio de complejidades y retos que las asisten y de las oportunidades para consolidar el tránsito definitivo hacia la paz en dichos territorios. Si fuera posible definirlo con una canción, este ejercicio tendría algo de Quiero cantarte un beso, de Silvio Rodríguez. Particularmente la estrofa que dice: “Quiero cantarte un beso, más todo se confunde entre un millón de huesos y derrumbes. Así que el beso huye con ojos de reproche (...) y vuelve la necesidad de repasarme dónde estoy, si existe o no la humanidad y si se ha visto hoy.”

 

Con todo, mi balance de las perspectivas de la paz territorial, al menos en el Sur del Tolima, es optimista. El desarrollo de los PATR constituye un precedente que puede ser determinante para modificar positivamente la relación entre el Estado central, las autoridades locales y las comunidades en la identificación de necesidades y en la formulación colaborativa de políticas e iniciativas comunitarias. Sin embargo, por sí mismos, esos acuerdos no bastan y su incumplimiento sería potencialmente dañino por lesionar las expectativas y la confianza que se ha creado en las comunidades.

 

Queda entonces la convicción que la paz es una decisión y un proyecto colectivo que demanda el compromiso, la generosidad y la apertura especialmente de los líderes políticos y de los actores que se vieron inmiscuidos en la historia de este conflicto tanto en las ciudades como en las regiones. Por oscuro que parezca en época electoral, de la grandeza que se tenga en ese respecto dependerá en gran medida que sea posible la concreción de la paz territorial en las regiones PDET o que una vez más “el beso huya con ojos de reproche mientras la sangre fluye por las noches”.  

Alejandro Mendoza: TeamMember
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